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La semana pasada me topé con La Argentina Crónica, una recopilación de historias sobre la madre patria que compiló (y me obsequio, después de mucha insistencia) Maxi Tomas. La verdad es que hacía tiempo que no sentía esa grata sensación que da el disfrute de historias bien contadas. Sin apuro, sin el peso de un cierre en dos horas, sin la obtusa pirámide invertida. Cuando leía a Cristian Alarcón, a quien conozco poco, me nacía esa fantástica sensación de perfecta síntesis –elegir con pinzas con qué palabras tejer un relato– que sólo recordaba en Borges. Otras crónicas como la de la Carolina Reymúndez (Operación Ja Ja) sobre la penosa vida de los reidores de TV, también me resultó muy bien lograda.
Todo esto me hizo pensar cómo los diarios tienden, como explica Caparrós en el prólogo, a escribir cada vez más para gente que no le gusta leer. Como paradoja del periodismo moderno, los editores quieren competir con los productores y piensan notas con poco texto para que el lector, al final, no termine mudándose a la tele. Así, con el tiempo, se fue perdiendo es magnífica característica del periodismo: la posibilidad de contar historias sin el absurdo peso de la objetividad. En fin, la posibilidad de narrar la realidad en poco más de dos minutos de aire o 30 líneas de un frío cable de agencia de noticias.
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Claudia es arquitecta y vive en el sur de Francia desde hace 6 años porque “tuvo la mala idea” de enamorarse de un francés. Me escribió y me contó que de vez en cuando espía las noticias de acá y le llamó mucho la atención el caso de las posibles violaciones en el country de Tigre. Me mandó ésto.
Te escribo para compartir el recuerdo de un caso muy sonado en Francia, el llamado caso Outreau. Muy breve resumen: un niño de 9 años dice ser violado por sus padres y a los pocos días agrega más nombres. Sus tres hermanitos hacen lo mismo: acusan a la panadera del barrio, a un abogado , un sacerdote , dos obreros (padre e hijo), etc. Todos vecinos o conocidos de sus padres. Se habla de una
red de pedofilia , de prostitución de menores, etc. Catorce acusados en total que pasaron cinco años en la cárcel donde uno de ellos se suicidó.
Eran INOCENTES.
¿Estos cuatro hermanitos mentían?
Sí y no.
No: efectivamente eran violados y abusados por sus propios padres desde hacía años.
Si: acusaron a 14 personas inocentes.
El tema no es saber si los niños dicen la verdad o si mienten. Sino qué es lo que quieren decir con lo que logran expresar. En Francia ésto fue un escándalo judicial y humano . Absolutamente
nadie pudo dejar de decirse: “ésto pudo haberme pasado a mi”. No sea cosa que terminemos -o los medios terminen- exhibiendo aquello que quisiéramos que sea pero no es. Aclaro que no conozco a este matrimonio. No es por ellos. Es por todos.
Gracias por escribir, gracias por leer los diarios de acá desde Francia y por entrar a este blog e interactuar conmigo.
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La semana pasada salió en Perfil una nota sobre algunos de los proyectos de Ley más desopilantes que se impulsan en la legislatura porteña. Desde declarar a la milanga napolitana “Patrimonio Cultural” de la Ciudad hasta convertir a la calle Florida en una peatonal con dos manos de circulación (sí, en serio…). El mismo sábado que salió la nota, me llamó Pablo Failde. Estaba indignado porque uno de sus proyectos estaba en la nota, junto a otras leyes “insólitas”: él impulsa la creación del bicing, un sistema que busca convertir a la bicicleta en un transporte público.
La idea es que cualquiera pueda alquilarlas en puestos públicos que instala el Estado y usarlas para ir a trabajar o lo que sea. Es verdad que este transporte “verde y saludable” funciona en algunas ciudades europeas, pero sigo pensando -y muchos otros legisladores también-, que es muy difícil implementarlo en Capital. Casi imposible. La razón principal es que las leyes no pueden reglamentar estilos de vidas, tampoco idiosincrasias y mucho menos cambiar en el seno a una sociedad.
El principal problema del bicing y de muchas otras tantas leyes es que los argentinos no sabemos respetar. En casi todos los aspectos de la vida se puede ver eso. Imagínense al chofer cabrón del 60 o a un tachero apurado: ¿respetarían las hordas de bicicletas en pleno Microcentro porteño? Yo realmente creo que no y que todavía nos falta mucho para pensar normas en las que el respeto y la responsabilidad vial sean clave para su aplicación. ¿Me estaré poniendo viejo?
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El otro día volví a leer algunos pasajes de Rayuela. La genialidad y la simpleza con la que Cortázar pudo elucubrar profundas reflexiones en medio de diálogos llanos me no deja de sorprender. Y justo después de leer estos párrafos, me quedé un rato pensando…
«Lo malo de todo esto», pensó, «es que desemboca inevitablemente en el animula vagula blandula. ¿Qué hacer? Con esta pregunta empecé a no dormir. Oblomov, cosa facciamo? Las grandes voces de la Historia instan a la acción: Hamlet, revenge! ¿Nos vengamos, Hamlet, o tranquilamente Chippendale y zapatillas y un buen fuego? El sirio, después de todo, elogió escandalosamente a Marta, es sabido. ¿Das la batalla, Arjuna? No podés negar los valores, rey indeciso. La lucha por la lucha misma, vivir peligrosamente, pensá en Mario el Epicúreo, en Richard Hillary, en Kyo, en T. E. Lawrence… Felices los que eligen, los que aceptan ser elegidos, los hermosos héroes, los hermosos santos, los escapistas perfectos».
Quizá. ¿Por qué no? Pero también podía ser que su punto de vista fuera el de la zorra mirando las uvas. Y también podía ser que tuviese razón, pero una razón mezquina y lamentable, una razón de hormiga contra cigarra. Si la lucidez desembocaba en la inacción, ¿no se volvía sospechosa, no encubría una forma particularmente diabólica de ceguera? La estupidez del héroe militar que salta con el polvorín, Cabral soldado heroico cubriéndose de gloria, insinuaban quizá una supervisión, un instantáneo asomarse a algo absoluto, por fuera de toda conciencia (no se le pide eso a un sargento), frente a lo cual la clarividencia ordinaria, la lucidez de gabinete, de tres de la mañana en la cama y en mitad de un cigarrillo, eran menos eficaces que las de un topo.
Le habló de todo eso a la Maga, que se había despertado y se acurrucaba contra él maullando soñolienta. La Maga abrió los ojos, se quedó pensando.
-Vos no podrías -dijo-. Vos pensás demasiado antes de hacer nada.
-Parto del principio de que la reflexión debe preceder a la acción, bobalina.
-Partís del principio -dijo la Maga-. Qué complicado. Vos sos como un testigo, sos el que va al museo y mira los cuadros. Quiero decir que los cuadros están ahí y vos en el museo, cerca y lejos al mismo tiempo. Yo soy un cuadro, Rocamadour es un cuadro. Etienne es un cuadro, esta pieza es un cuadro. Vos creés que estás en esta pieza pero no estás. Vos estás mirando la pieza, no estás en la pieza.
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Mientras revisaba diarios viejos, encontré este aviso de Ambito Financiero del 18 de octubre de 1983:

Cómo cambió el mundo en estos últimos 25 años ¿no?. Cómo la tecnología e Internet se volvieron algo que determina la vida de millones de personas en el mundo (en casa y en el trabajo) y excluye a otros tantos.
La PC que se ofrece tiene un procesador de 8 bits, DOS (un sistema operativo anterior a Windows) y pantalla de “alta resolución” de 600 x 432. Memoria de hasta 512 (pero KB, MB como ahora). Las computadoras de hoy son millones de veces más potentes. Literalmente. Pero en ese momento se vivía el inicio de una silenciosa revolución: la apertura del hogar al universo informático. Una revolución que hoy tiene como protagonistas a los celulares: millones de fulanos que se conectan y pasan cada vez más tiempo sin despegar los ojos de esa pequeña pantallita, la tercera en importancia después de la TV y la PC.
Pienso en todo lo que falta por venir y me entusiasma pero me asusta un poco también. ¿Cuánto tuviste tu primera PC?
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Hace un par de años hablamos con Darío de las redes sociales. Y de cómo la informática cada vez más le presta teorías y nociones a la psicología y a la sociología. Un buen ejemplo son las redes de “pequeños mundos“. Ayer, Darío me escribió y me mandó un mail con este texto que me recuerda a un viejo mito que circula entre los que solemos discutir temas de tecnología. Lo comparto:
Estas redes sociales se basan en la teoría de los seis grados, Seis grados de separación es la teoría de que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona en el planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cuatro intermediarios. La teoría fue inicialmente propuesta en 1929 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en una corta historia llamada Chains. El concepto está basado en la idea que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera. Recogida también en el libro “Six Degrees: The Science of a Connected Age” del sociólogo Duncan Watts, y que asegura que es posible acceder a cualquier persona del planeta en tan solo diez “saltos”.
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Janet Malcom, colaboradora de New Yorker y New York Review, caracterizó en algún momento al periodista como “una especie de hombre de confianza que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas. Que se gana la confianza para luego traicionar sin ningún tipo de remordimiento”, ironizó y agregó:
“Los periodistas justifican su traición de varias maneras y según su temperamento: los más pomposos hablan de libertad de expresión, los menos talentosos, de arte y los más decentes murmuran algo sobre ganarse la vida”
Pintoresca reflexión de Malcom. Para completar, la frase de Truman Capote que me recordó la otra vez un amigo: “sin traición no hay periodismo”. Me gustaría saber qué pensás de todo este cinismo periodístico y hasta qué punto estás de acuerdo. Si no sos periodista, mejor.
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Después de un finde con lluvia, me puse un poco filosófico. Existencialista. Hay veces que uno no se da cuenta de lo que tienen hasta que lo pierde. Lo sabemos todo y hasta es un lugar común, pero me parece que algo de cierto hay en la frase. ¿Se pude disfrutar con plenitud de algo mientras se lo vive o la felicidad sólo es una construcción del pasado basada en los recuerdos gratos? Digo, alguien cae en la cuenta de que es feliz o sólo puede decir: qué buenas épocas aquellas. Mientras escuchaba algunos programas viejos de Dolina (de mediados del 98) me dí cuenta que el Negro, con genialidad, logró ensayar una respuesta.
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Mientras rediseñaba este blog pensaba en lo fácil que es tener un espacio en la red que se vea bien. Hace ocho años, cuando yo era un adolescente y trabajaba como diseñador de páginas web sólo los que sabían de diseño gráfico (Corel, Photoshop y Flash) podían tener un sitio que parezca digno. También era necesario saber algún lenguaje de programación para que el diseño anduviese y tenga forma. Pero hoy, con los templates y plataformas como Wordpress o Blogger, cualquier gil –como yo– pude armarse un espacio que luzca bien.
Aunque parezca algo sin importancia, tener un blog atractivo y legible y bonito, es clave para el futuro de cualquiera que no se quiera quedar fuera “del sistema”. Read more »