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A veces pienso que vivimos en un mundo que no se va a poder sostener durante mucho tiempo. Que el capitalismo tan salvaje que nos inunda pronto va a terminar de consumir todos los insumos del planeta (cuando se acaben los bosques, los minerales y el petróleo) y vamos a estar en serios problemas. También me asusta un poco cómo la sociedad del consumo se comió cualquier tipo de plateo crítico para con las condiciones paupérrimas de existencia: soy infeliz, pero tengo iPod. Te recomiendo que veas con detenimiento este video, que descubrí charlando con mi gran amigo PDR, que se explaya sobre cómo funciona el mundo de hoy. Esclarecedor.
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El Gobierno de la Ciudad acaba de llamar a una audiencia pública (reunión con legisladores y público común) para que se debata el posible aumento de los peajes en las autopistas Illia, 25 de mayo y Perito Moreno. Quieren cobrar una tarifa diferenciada dependiendo del horario (hora pico o no) que va entre el 50% y 100% de aumento. Acá tenés como quedan los importes. Más data.

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Sube el precio de las hostias en Europa por el aumento de los precios internacionales de los granos. Se beneficia Argentina que exporta, se perjudica la Iglesia europea que importa. En países como Francia, los aumentos son del 25%. En España se consigue aún la bolsa de 500 a 4 euros. Ampliaremos.
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El control de precios ya no puede esconder la inflación real y los precios siguen disparándose. El tomate cuesta más que el lomo y las verduras y quesos ya casi no se pueden comprar. Salí de compras y armé minidocumental.
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Hace unos meses me topé con un estudio de unos economistas que sostenían que Google era el negocio perfecto. Que a diferencia de grandes emprendimientos de los últimos años como Starbucks (el McDonald`s del café) que tienen un límite de crecimiento fáctico por las propias leyes de la economía (por la “tendencia decreciente de las tasas de ganancia”, por ejemplo), “G” logró, sin planearlo, torcer esas leyes y concebir la gallina de los huevos de oro. La compañía, por la esencia misma de Internet, supo articular un negocio que no tiene fronteras para expandirse. Y para colmo, con cada segundo que pasa, almacena más y más información personal de millones de fulanos de todo el planeta. ¿El resultado? Frankenstein. La prestigiosa revista The Economist llevó parte de este tema a su última tapa.