El destape de mi abuela
Emilia es mi abuela de 91 años. Ayer fui a comer a su casa y me hizo milanesas con puré, de esas que sólo hacen las abuelas, tan caseras, tan ricas, tan únicas. Cuando terminó la novela que nunca se pierde (Valientes, esa que tiene tipos con barba y morochas pulposas) vino a la mesa a brindar con vino tinto. Entre todas las cosas que charlamos, hubo una confesión que nunca hubiera esperado para una cena familiar, menos de Emilia, mi abuela de 91. Me confesó, con una sonrisa enorme, que Francisco De Narváez le parecía tan seductor, tan atractivo y tan encantador. Y yo traté de explicarle que no, que no puede ser. Y ella, relajada y sonriente, me decía que hasta lo hubiera votado si viviera en provincia y si todavía anduviera con ganas de votar. Y terminó lo poco que le queda de vino en la copa de un saque y se fue. Así nomás. Y yo, atónito, quedé desgarrado por tremenda confesión.




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